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En el siguiente texto, el escritor Julio Azamor reflexiona sobre la importancia de la obra de J.G.Ballard en la conformación del imaginario de la "ciencia ficción" de la década del '60 y las subsiguientes. También sobre el vínculo indisoluble que planteaba el fallecido narrador con sus lectores, aunque fueran desde la lejana -aunque para Ballard no tanto- Buenos Aires. |
Vivimos desde hace un cierto número de años en el interior de lo que, en efecto, es una enorme novela. Cada vez más, nuestras vidas están afectadas por la publicidad, por la política concebida y llevada a cabo como una actividad publicitaria, por el comercio masivo, etc. Vivimos en un paisaje de medios. J. G. Ballard en un reportaje de Robert Louit
Conocí a Jim Ballard hace mucho tiempo. Yo era un chico que leía de todo, pero que sentía una marcada inclinación por la ciencia ficción y las historias fantásticas. En el puesto de revistas de Belgrano y Pasco compré la edición de Nebulae de Huracán cósmico (The wind from nowhere, 1962). Recuerdo que la novela me gustó mucho, quizás porque era diferente. No había astronaves combatiendo en galaxias remotas, ni extraterrestres con forma de lagartos verdes. No. Acá empezaba a soplar un viento creciente, de origen indeterminado que desafiaba las leyes de los anticiclones. El viento huracanado circundaba el globo terráqueo y amenazaba con pelar la superficie como la de una naranja, acabando con la vida animal y vegetal. De nada servían los esfuerzos de los científicos para detener el fenómeno atmosférico; hasta que un buen día, el viento cesa tan repentinamente como había empezado. Solo queda el sabor amargo de la verdad: en cualquier momento una catástrofe natural puede borrarnos de la faz de la tierra, nada de lo que hagamos podrá impedirlo. Tiempo después, cuando ya había adquirido el concepto de “ciencia ficción” como género, adquirí una noche por Corrientes El mundo sumergido (The drowned World, Buenos Aires, Minotauro, 1966). Con esta novela Jim continúa su serie de “catástrofes”, que seguirá con La sequía (The Drought, 1964; Buenos Aires, Minotauro, 1979) y, en parte, con Playa Terminal (Terminal Beach, 1964; Buenos Aires, Minotauro, 1971).

Después, abandoné la ciencia ficción por varios años. Entregado –como diría Philip Dick - a lecturas mainstream, no conseguía engancharme con la ciencia ficción. Había perdido lamentablemente esa actitud, esa apertura, necesaria para entregarse a la pura ficción aceptando los códigos del género y disfrutando de los mundos alternativos, los universos paralelos, los telépatas y todas las criaturas que habitan los libros de Dick, Spinrad, Delany, Vonnegut y otros. Fue precisamente con Ballard que retomé la lectura del género, más precisamente con Milenio negro (Millenium people, 2003), novela que apenas bordea la ciencia ficción lo suficiente como para justificar su publicación en Minotauro. En realidad a partir de La exhibición de atrocidades (The Atrocity Exhibition, (1970) ya Balllard escribe sobre el terrible presente. Él mismo lo explica así: …hasta The Atrocity Exhibition yo describía paisajes imaginarios. A continuación, me volví hacia los paisajes de la tecnología. Así pues, ante todo, la foto y el cine son quienes nos suministran reflejos de esos paisajes… Vendrían entonces Crash (Crash, 1973), Furia feroz (1988) y Noches de cocaína (Cocaín nights, 1994).

Como el presente –el estado de las cosas- a Jim no le gusta, le inspira sus textos mas negros y desolados como Super Cannes (Super Cannes, 2000) y Bienvenidos a Metro- Center ( Kingdom come, 2006). En esta última Jim está muy enojado, se está muriendo y lo que ve a su alrededor no le gusta. Debe ser terrible saber que el tiempo se agota y lo que dejamos es mucho peor que lo que encontramos. Y no por falta de buenas intenciones, por no haberlo pronosticado en cuentos y novelas, en los ensayos de Guía para el usuario del próximo milenio (1996) y en incontables reportajes. Esto no quiere ser una despedida, ni siquiera una evocación. Simplemente me pidieron que escribiera unas líneas sobre un amigo que me acompaña desde hace años y lo hice. Es, en todo caso, un saludo.
Julio Azamor es escritor y guionista argentino. Es autor del libro de cuentos infantiles “El árbol de las peras azules”, a los que seguirán las nouvelles “Encuentro en El- Mehemet” (1991), “Un rato antes del futuro” (1992) y los cuentos de “Las brujas de San Luis” (1993). Integra el equipo del Diccionario de Cine Iberoamericano. Su guión, co-escrito con Daniela Fiore, titulado Imaginadores, se encuentra nominado al Premio Cóndor de Plata en el rubro Mejor Guión Documental. |