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12º BAFICI: Visage, de Tsai Ming-liang PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Lorena Cancela   

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Hace unos años, mientras se desarrollaba otro Bafici, una ola de humo inundó la ciudad de Buenos Aires. Había olor ahumado en todos los ambientes aunque la anécdota –afortunadamente- quedó en eso. Por el contrario, en la filmografía del taiwanés Tsai Ming-liang, la presencia de un elemento que amenaza la urbanización es una constante, un gesto repetitivo que nos sugiere que el “orden” de la civilización pende de un hilo y está, como decimos los argentinos, atado con alambre. 

Una de las primeras imágenes de Visage nos muestra a uno de sus protagonistas: Hsia Kang (Lee Kang Sheng) luchando contra el grifo de una canilla del que empieza a salir agua a borbotones. Hasta allí la escena podría homologarse a de la cualquier casa de departamentos. Sin embargo, el agua no para de salir (¿es por causas naturales, o mecánicas?) y lo inunda todo, arrastrando objetos a su paso…
Como en otras películas de Tsai confluyen en este film algunos de los que podríamos considerar tópicos de su filmografía: la tensión entre los tejidos tecnológicos y urbanos y los ritos milenarios, la comunicación y la incomunicación, el encuentro entre culturas. Visage, en particular, es como un entramado en el que se reúnen varias de sus películas anteriores: La amenaza del agua de The Hole, los musicales de La nube errante, la exploración de un espacio como en Goodbye, Dragon Inn, el ritual funerario, y el encuentro de culturas de ¿Y qué hora es allí?
Aunque con la que más dialoga es con esta última, porque la cinefilia francesa es una de las referencias explícitas y, de igual manera, no terminamos de comprender si los personajes se entienden (o desentienden) y aquí, como allí, se escuchan distintos idiomas. Se escucha no solo francés, taiwanés o español, también mantras como el que, torpemente, recita el personaje de Antoine: Om a Hum benzel guru padme siddi hum…

 

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La historia de la película es simple: Un cineasta oriental convoca a actores franceses para filmar el mito de Salomé. Ellos son Antoine (Jean Pierre Léaud), Fanny Ardant (haciendo las veces de actriz, y productora), y una actriz/estrella interpretada por Laetitia Casta. El entorno de la película alterna entre un decorado de paisaje invernal, y unas cañerías. Éstas, lo descubriremos al final, son parte del mítico Museo del Louvre. Tsai, a diferencia de otros cineastas, como Stephen Frears en La Reina, no se interesa en que sus planos puedan transformarse en fotogramas plausibles de ser utilizados por la revista ¡Hola! Si en cambio, transitar aquellos espacios en general ocultos a la mirada por el “orden” de la civilización e ir sobre lo no visto, ni oído.
Por eso sus películas pueden parecer, en algún sentido, desordenadas. Lo son porque perceptivamente no responden a lo que nuestro cerebro está acostumbrado a decodificar. Pues a la exploración del espacio, Tsai le suma la experimentación con la materialidad de la imagen. Por ejemplo, cómo se ven los cuerpos en el campo de imagen si están encuadrados desde tal, o cual lugar. Qué pasa si salen de la derecha, la izquierda o (¿por qué no?) desde abajo del encuadre cinematográfico.
Esto se traduce en la ausencia de un sistema narrativo previamente decodificado y pareciera que el cineasta no buscara tener el control de lo que filma. Tampoco nos dirige a nosotros, espectadores, la mirada hacia ningún lugar en especial. De allí que, como en el maravilloso plano final de Visage, sus actores puedan ir y/o venir desde y hacia cualquier parte de la imagen, y nosotros mirar lo que está lejos, o cerca, de nuestro campo de visión.

 

Visage
Viernes 9, 13.00hs - Atlas Santa Fe 1
Lunes 12, 16.15hs - 25 de Mayo
Martes 13, 19.00hs - Hoyts 3

 

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