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Amor sin escalas: o una mueca en el vacío. |
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Escrito por Carolina Giudici
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Jason Reitman, recordado por Juno, presenta en Amor sin escalas una "comedia" que, por debajo de su humor aparente, destila agudas y lacerantes reflexiones sobre la sociedad del presente. También el director brinda una mirada sagaz a la esfera de los sentimientos, allí donde sólo queda el vacío y la mueca entre agradable y burlona de George Clooney. |
“En Estados Unidos hay una cosa que se valora en los empleos: el lastre cero. Se llama a una persona de lastre cero a aquella que no tiene raíces, que tiene pareja pero no está enamorada, que no tiene hijos o los tiene distanciados, que tiene una formación pero no es una formación muy vocacional. Es un mundo ligero y volátil, propenso a desvanecerse”.
Vicente Verdú
[Aclaración: en este comentario se revelan detalles de la resolución de la historia.]
Con el cine de Jason Reitman flotamos. Tanto en Gracias por fumar como en Juno, y ahora explícitamente en su nuevo film, el director inyecta burbujas de amabilidad en los asuntos más delicados y nos hace observar los hechos desde cierta altura, montados en la sonrisa de esos protagonistas que parecen comprenderlo todo y actuar en consecuencia. Frescos y limpios, surfeamos el relato sin percibir que el humus que lo sostiene es mucho más negro y amargo de lo que nos gustaría admitir. Porque nos vendieron una comedia romántica (¡Amor sin escalas!) y resulta que Up in the air no sólo le hace pito catalán a la felicidad, sino que se acerca demasiado a la orilla existencial opuesta: la del vacío.
Ya saben de qué se trata: Ryan Bingham (George Clooney) se dedica a despedir trabajadores. En plena debacle económica de Estados Unidos, mientras muchas empresas quiebran y otras diseñan las inevitables "reestructuraciones", Ryan viaja por todo el país para consolar a cientos de personas diciéndoles que, a pesar de estar en la calle, “ahora empieza la verdadera libertad”. Algunos lloran, otros patalean. Una señora promete tirarse de un puente.

Ryan cumple todos los requisitos del lastre cero que exige la sociedad actual. Él pondera ese status y ofrece conferencias sobre cómo alcanzarlo (seamos honestos: los asistentes a esas charlas lucen aburridos e incrédulos, sabiendo que el discurso de Ryan es pura autoayuda marketinera). Tiene un pequeño departamento en Omaha que prácticamente no habita, ya que vive volando de ciudad en ciudad, acostumbrado a los hoteles, las relaciones casuales, los deseos en WI-FI. Ninguna atadura, salvo ese vínculo tramposo imposible de erradicar: la propia sombra. El inconsciente, lo que hace dudar. Y dudar significa perder el avión. Irse de pista y lanzarse a lo imprevisible (o al amor, que es lo mismo). Ryan se juega, pero la realidad lo cachetea, confirmando sus peores sospechas.
No sabemos qué sentir cuando la película termina. Tanta soledad junta resulta difícil de digerir. Quienes se enojaron con el film le reclaman a Ryan que no haya reaccionado con mayor ferocidad ante la noticia de la mujer suicida, como para dejar sentado que su labor es miserable (¿es que acaso esto no había quedado clarísimo desde el inicio?). Pero también podríamos pensar que debido a ese hecho trágico se suspenderán los despidos vía Internet para volver al esquema cara a cara, triste victoria pírrica para un Ryan que ya está demasiado integrado al sistema, funcional y resignado. Es más coherente que la historia deposite cierta esperanza en la joven Natalie (Anna Kendrick), que decide regresar a sus pagos para empezar de nuevo.

Otros cuestionan el film por el “castigo moralista” que le impone a Ryan al negarle un romance serio con Alex (Vera Farmiga). Pero para creer que el destino efectivamente lo está condenando, la película debería haber intentado certificar que la otra opción -el proyecto de pareja- ofrece algún tipo de curación como garantía. Este es el punto en donde Amor sin escalas nos tira a la tierra sin paracaídas. La hermana mayor se está separando. La otra hermana se casa con un inseguro de temer (es genial la escena en la salita del jardín de infantes, con el protagonista vendiéndole espejitos de colores a su futuro cuñado). Natalie apostó a su novio y fracasó. Ni siquiera Alex convence cuando defiende su familia, su “vida real”, esa estructura de la que cada tanto necesita escapar. A los hijos de Alex no los vemos, mucho menos a su marido. Refugiada en su autoproclamada “madurez”, el personaje de Farmiga tal vez sea el más triste de todos.
No hay paraíso, es cierto, y cada día cuesta más romper el cristal líquido para comunicarnos de verdad. Sólo quedan los momentos: algún festejo, un buen recuerdo, un dulce adiós. Parece poco, pero son esos los momentos que Reitman enciende con colores, vibración y hermosa música. Mientras todo se derrumba, encontrarse con los otros todavía tiene sentido. Sin hipocresías. Desde ese piso deberíamos partir, y no al revés. Es por este motivo que, al final del relato, los testimonios de los desocupados rescatan la importancia de los afectos. Algunos dirán que se trata de palabras demasiado cursis para un film anclado en el cinismo. Sin embargo, ante la criminal teoría del lastre cero, Up in the air sugiere que el afecto es hoy la única trinchera desde la que podemos combatir. |
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Breves
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Para muchos su nombre no signifique nada y para otros tantos cuando se mencione su labor como montajista se dirá que 32 películas en 40 años de carrera sea poco. Seguramente la opinión del novato empiece a cambiar cuando conozca que Dede Allen, quien acaba de morir a los 86 años en Los Angeles, fue montajista de títulos como Sérpico, Tarde de Perros y de la memorable escena de asesinato de Bonnie and Clyde dirigida por Arthur Penn. Dede Allen había nacido el 3 de diciembre de 1925 en Ohio y su primer trabajo de importancia lo realiza en 1948 en Because of Eve de Howard Bretherton. Recibió varias nominaciones al Oscar (en 1976, 1982 y 2001) y la Asociación de Críticos de Los Angeles y la American Cinema Editors le entregaron sendas distinciones a su trayectoria. Trabajó a las órdenes de Arthur Penn, Sidney Lumet, Robert Wise, Elia Kazan, y George Roy Hill. Era miembro del Board of Governors de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. |
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El mítico cineasta polaco Andrzej Wajda recibió el Doctorado Honorario de la Academia Bielorrusa de Artes en reconocimiento a su vida y obra. También casi simultáneamente era ganador de los premios Ola de Oro concedidos por la Asociación Cinemanet en España por "ser uno de los más destacados directores de las últimas décadas no sólo del cine polaco sino de todo el cine europeo y mundial". Wajda en 1981 ganó la Palma de Oro en Cannes por El Hombre de hierro y en 2000 le fue concecido un Oscar honorario por el conjunto de su carrera. Tres de sus películas fueron nominada al Oscar en lengua no inglesa, incluso Katyn, que también ha tenido, por primera vez cuando se conmemoran los 70 años de la masacre que da titulo al film, difusión pública en Rusia a través de un canal cultural. Katýn narra la masacre perpetrada por orden de Stalin cuando fueron ejecutados 22mil militares y civiles polacos, entre ellos el padre del mismo realizador. |
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Se conocieron los ganadores de las 32º Jornadas de Uncipar que se celebran, tradicionalmente, en Villa Gesell. El jurado de la Selección Oficial Competitiva dictaminó que el programa que representará a la Argentina en Einsiendelm, Suiza, será el conformado por: Ana y Mateo de Natural Arpajou (1º Premio); La loca Matilde, de Manuel Romero (2do premio y Mejor Actriz); Un juego absurdo, de Gastón Rotschild (Mención al Mejor Actor y al Guión); Copia A. de Pablo Díaz y Gervasio Traverso; Juan del monte, de Juan Carlos Camardella (premio compartido a la Mejor Animación). El jurado internacional consideró muy buena la selección y premió a cortos procedentes de Brasil, Irak y España. El corto Distancias, que obtuvo la Mencion del Jurado Oficial, también ganó el premio Tato Miller. Todo terminó, como es tradición, con un fogón junto al mar. |
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La actriz, fallecida el Viernes Santo, tuvo una destacada labor en el cine. Pionera del sonoro, había debutado en Fragata Sarmiento y tuvo trabajos de enorme relevancia en Se abre el abismo, de Pierre Chenal; Siete mujeres, de Benito Perojo y Escuela de Campeones, de Ralph Pappier. Diputada Nacional durante la segunda Presidencia de Juan D.Perón, y miembro del Ateneo Eva Perón, sufrió el exilio interno luego de 1955. Paralelamente con su labor en el cine encabezó el reparto de radioteatros e integró el elenco del Teatro Nacional Cervantes. Su trayectoria se interrumpió luego de su actuación en De turno con la muerte y, en 1971, regresó a la pantalla en El ayudante de Mario David. En emotiva ceremonia obtuvo el Cóndor de Plata a la trayectoria en el año 2001 en una ceremonia realizada en el Teatro Nacional Cervantes. |
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La Subsecretaría de Cultura de La Pampa rindió emotivo homenaje al cineasta Jorge Prelorán al cumplirse un año de su fallecimiento. En el Auditorio Juan Carlos Bustriazo Ortiz del Centro Municipal de Cultura se desarrollaron charlas y proyecciones que incluyeron a Cochengo Miranda (1978), Los hijos de Zerda (1978) y el documental de Fermín Rivera, Huella y memoria, el cine de Jorge Prelorán (2009). Prelorán se vinculó muy estrechamente con La Pampa -provincia a la que regresó cada vez que pudo- a través de Los Hijos de Zerda y Héctor Di Mauro, titiritero. Pero seguramente de todas sus películas, la más recordada para los pampeanos sea Cochengo Miranda, documental que retrata la sacrificada vida de los puesteros del oeste pampeano. En el año 2007 recibió el título de Profesor Honorario de la Universidad Nacional de La Pampa. Y se aceptó para publicación el libro “Cochengo Miranda” (parte de la serie Nos-Otros) por Ediciones Universidad de la Pampa.
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