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Kirk Douglas sigue imbatible, a los 93 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rómulo Berruti   

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El 9 de diciembre de 1916 nació en el pueblo de Amsterdam, estado de Nueva York, Issur Danielovitch Demsky luego conocido mundialmente con Kirk Douglas. Hijo de inmigrantes judíos rusos, amante de los deportes y destacado en lucha libre, también se acercó muy joven al mundo de la actuación. Estudió letras, integró los elencos universitarios, fue un gimnasta casi obsesivo, trabajó en distintos oficios y cumplió con el servicio militar. Luego fue actor, y se convirtió en una leyenda viviente de la pantalla grande

Se instaló en Nueva York y empezó a destacarse como actor teatral. Pero en  1946, a los 30 años de edad, y ya con una cierta fama cosechada en Broadway, Lewis Milestone lo propone como primer actor en el film El extraño amor de Martha Ivers, donde se revela como un intérprete de muy fuerte personalidad. Su rostro tallado en piedra, su cuerpo atlético y una violencia contenida que sería su marca de fábrica le dieron un casillero con permanencia en el negocio del cine. Los papeles se suceden y varios impactos seguidos le permiten subir al rango de auténtica estrella. Son fundamentalmente tres: El triunfador, de Mark Robson, la epopeya de un boxeador; Luz y sombra, de Michael Curtiz (el director de Casablanca) biografía del célebre trompetista Bix Beiderbecke y especialmente La antesala del infierno, de William Wyler, historia de estructura teatral y asfixiante protagonizada por un policía que hace justicia por mano propia.  Con menos incidencia en su momento pero de alto valor arqueológico ahora, hay que incluir el Jim de la primera versión fílmica de El zoo de cristal, la mejor obra de Tennessee Williams y tal vez una de las mejores de la historia del teatro. En todas ellas Douglas se vio potenciado por el talento de los realizadores. En esa época de oro de la pantalla norteamericana era una confluencia frecuente. Este afortunado logró trabajar con Howard Hawks en el western Río rojo y luego con John Sturges, King Vidor, Vincent Minelli, John Frankenheimer y hasta en un film menor como Historia de tres amores recorrió el mundo en triunfo asumiendo con Pier Angeli el episodio de los trapecistas. Hasta llegar al impar Stanley Kubrick con dos joyas y otros tantos éxitos: La patrulla infernal y Espartaco. La primera quedó como un modelo casi inimitable del relato bélico donde se despidió del cine el notable actor francés Adolph Menjou. Además de ser un actor notable, Douglas tuvo el mérito adicional de modelar una imagen creíble y perfecta del héroe de ficción de su país, el duro por antonomasia, el titán que no se rinde, el hombre de acero que podía sin embargo condensar un relámpago de emoción con sólo un par de lágrimas en el momento oportuno. Retirado del cine desde 2004 cuando protagonizó Illussion (poco antes lo había hecho con su hijo Michael en Cosas de familia), hace escasos días se lo vio participando de la distribución de comida gratuita para personas sin techo de Los Angeles con motivo del “Día de acción de gracias”.

 

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   Con una gran cantidad de títulos y una presencia constante en el cine durante más de cuarenta años, Kirk Douglas nunca ganó el Oscar por un trabajo, aunque le dieron el honorífico en la entrega del 96. Sí había sido nominado tres veces, pero con ese talento, esa incidencia personal forjada con una imagen supercinematográfica y la calidad de muchas de las películas que protagonizó, que a los 93 no pueda tener una estatuilla ganada en competencia demuestra que el Oscar merece las críticas que suelen rodear su soporífiera ceremonia.

 


 

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