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A 50 años de la creación del Primer Festival de Cine en Mar del Plata ideado por los críticos de entonces, en la segunda semana de noviembre del 2009 tuvo lugar en la misma ciudad el Festival Internacional de Cine: Un evento que desde su reinauguración en el año 1996 viene reuniendo a estudiantes, graduados, profesionales del quehacer cinematográfico y a cinéfilos que deciden tomarse unas días por adelantado para ver buen cine, disfrutar de ese ‘otro’ cine que poco a poco queda casi restringido a este circuito. |
Desde ya, éstos están acompañados por los espectadores marplatenses: Un numerosísimo grupo que se levanta bien temprano (la primera proyección del día es a las 9) para acompañar a las películas y sus artistas. En estos 13 años el festival, como el país, cambió de autoridades, y también fue madurando en varios aspectos. Este año - presidido por José Martínez Suárez junto al INCAA (dirigido por la Sra. Liliana Mazure), el Municipio de Mar del Plata y la provincia de Buenos Aires - logró, entre otras cosas, que en su noche inaugural la mayoría de los asistentes, como ocurre en otros festivales de distintas ciudades del mundo, permanezcan en sus butacas para ver la película de apertura Un hombre serio, de los hermanos Cohen. Un film impecable que al igual que sus anteriores trabajos indaga en la forma de vida norteamericana, pero en este caso concentrándose en una familia judía de clase media. Aquí la mirada no está puesta en un criminal, tal en sus películas anteriores, sino en un hombre que se empeña en ser bueno mientras la sociedad, con igual ímpetu y de manera indirecta, busca corromperlo. Así, el espacio acotado del pueblo funciona como metáfora de cierto funcionamiento social atravesado por el capitalismo y la religión. Tal le comentó a quien suscribe una de las visitas del festival, la Sra. Bonnie Erickson (voz y creadora de los personajes de Piggy y la rana René de los Muppets), nadie como los hermanos para retratar los pueblos del interior de los Estados Unidos.

Un hombre serio, película de apertura fuera de concurso del Festival de Mar del Plata
Del cine norteamericano de mirada irónica o distanciada, ya dentro de la Competencia Oficial, también se proyectó Vida durante la guerra, la película de Todd Solondz que retoma a los personajes de Felicidad mientras transcurre, aunque no se nombre, la guerra en Irak. Uno de los aciertos de la película es el contraste entre la interioridad de los personajes y el exterior: Pues a pesar del estilo Disneyworld de los espacios (por los colores, la arquitectura y la locación: Florida) sus personajes parecen sacados de una película de terror. De hecho, uno de ellos, habla con fantasmas. Sin embargo, en la excesiva victimización frente al sistema que el narrador hace de sus personajes, por momentos pareciera que olvidara, o no le importaran, las otras víctimas: los habitantes de Medio Oriente. En la vereda opuesta se encuentra la dos veces premiada El tiempo que queda de Elia Suleiman. Alejada de cualquier tipo de maniqueismo, a través de escenas que le devuelven a la imagen cinematográfica una potencia inusitada, la película transcurre entre la historia personal (del mismo cineasta) y la historia institucional del conflicto entre Palestina e Israel a partir del momento en que Nazaret pasó a formar parte del último. Suleiman, nacido en esa ciudad, en el seno de una familia de origen palestino, expresa con su propia vida un enjambre de contradicciones y poderes contrapuestos que terminan por expresarse en el film en su rostro silente. Un gesto entre la risa y el horror que lo dice todo. Cruzando referencias de la cultura hollywoodense con las del llamado cine arte, Elia Suleiman construye un mosaico que le devuelve al cine la posibilidad de ser arte, y al mismo tiempo expresión del estado del mundo. El tiempo que queda obtuvo el premio a la Mejor Película de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, y el Astor de Plata al Mejor Director del Jurado Oficial. Aunque refiriendo a un tema distinto (la partida de una madre de una familia de origen judío-mexicana) 5 días sin Nora también se instala en un sutil equilibrio entre la risa y el llanto. A través de un sólido guión y una estructura que recuerda a su coterránea Temporada de Patos (unos personajes reunidos en un solo espacio que tienen que convivir durante un tiempo por un motivo fortuito), la ópera prima de Mariana Chenillo sorprende por su ritmo narrativo, la dirección de actores y la habilidad para trascender la anécdota y deconstruir a través de un ritual familiar, como lo es un velatorio, ciertos comportamientos sociales. La estrategia narrativa fue abolir los comportamientos esperables en un hecho doloroso para dar cuenta de los juegos de poder que también tienen lugar dentro de un grupo humano reducido. Un poco como lo que hacen los Farrelly con el casamiento, pero mejor.
5 días sin nora, la premiada opera prima de Mariana Chenillo
También de familias disfuncionales trata Francia de Adrián Caetano. El gran realizador volvió al ruedo con una película que a diferencia de la de Chenillo se construye en torno a algunos preconceptos: Que los que tienen dinero tratan mal a sus empleados, los psicólogos son cínicos, y los niños de hoy, tecnología mediante, están en otro mundo. La película termina con una defensa a la escuela pública y la idea que se puede salir adelante, en estas dos cosas estamos de acuerdo. Una de las argentinas más comentadas y premiada por los distintos jurados fue Vikingo de José Campusano. Una historia potente (la de un motoquero, el del título, oriundo del más profundo conurbano bonaerense), es la excusa para dar cuenta de una forma de vida y una manera de entender el mundo propia de ese grupo humano. Atravesada de referencias atípicas para el cine argentino (de películas australianas o neocelandesas) la película de Campusano “pega” hondo. Y a pesar que en su tramo final se torne un tanto espectacular (y verdaderamente el pulso de Campusano no tiene nada que envidiarle al de otros narradores cinematográficos), Vikingo excede su valor ficcional y puede ser vista como un documento sociológico y/o antropológico. En las antípodas de esta manera de entender al cine se ubica Cartas al Padre Jacob de Klaus Härò. Ésta fue la elección más incomprensible dentro de la Competencia Internacional. Sin ánimo de faltarle el respeto (películas así también son necesarias), ésta parece ideada más para el canal Hallmark que para la competencia de un festival de cine Clase A. Mother de Bong Joon- ho tiene todos los ingredientes de una película coreana de corte comercial: Fusión de géneros, exacerbación del melodrama, sexo entre adolescentes y personajes con comportamientos extremos y ezquizoides. Y todo impecablemente filmado y actuado. Dentro de la sección también se destacaron las comedias de Cesc Gay y Juan Carlos Tabío. De este último, El cuerno de la abundancia, obtuvo el Premio del Público, y V.O.S, del primero, el del Mejor Guión del Jurado Oficial. También se hicieron notar la rusa Una habitación y media de Andrey Khrzhanovsky, con dos menciones, y la coproducción uruguayo – española: Mal día para pescar de Álvaro Brechner con el Astor al Mejor Actor.
Una habitación y media, mención del jurado Oficial y de la Asociación de Cronistas Cinematográficos
Colmillos de Yorgon Lanthimos y Nada personal de Urzula Antoniak son trabajos pequeños, imperfectos en un buen sentido, pero ciertamente más cercanos al espíritu del Bafici. Al igual que la ópera prima de Payman Haghani: El hombre que comió sus cerezas. En pocas palabras, el nivel de la Competencia Internacional estuvo, a falta de una expresión mejor, a la altura de las circunstancias: Nunca habría que olvidar que estamos refiriéndonos a expresiones culturales (como son las películas) y no partidos de fútbol donde sí, inevitablemente, hay ganadores y perdedores. Los festivales de cine no se hacen para exacerbar personalidades. Aparte de su valor artístico y la maravillosa posibilidad que nos brindan de relacionarnos con películas que de otra manera no podríamos ver, también deberían enseñarnos a convivir mejor...

Noche de premiación y cierre del Festival, premio a 5 días sin Nora
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