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Helicópteros que parecen tábanos, fuego en lugar de polvo y cenizas convertidas en un cielo indefinido. Una wagneriana “Cabalgata de las Valquirias” anuncia que sólo hay dos formas de volver a casa: muerto o victorioso. Ése es el espíritu de la guerra, de todas las guerras que en su locura terminan siendo una sola. ¿Pero qué sucede cuando el cine, permanentemente interesado en el campo de batalla como épica, refleja de manera precisa esa lacerante sinrazón? |
El resultado es un descenso a las tinieblas insoslayable, que puede sintetizar la vivencia de aquél que es testigo de la pérdida de la esencia humana. Esa experiencia la atravesaron miles a lo largo de la historia, pero muy pocos pudieron retratarla con aguda precisión. Apocalypse Now, es una de esas películas que estremece en el recuerdo y por su plena vigencia. Porque, en la guerra, cambian los conflictos, la tecnología y los escenarios; pero siguen repitiéndose dos mustias palabras, que pronunciaba el Capitán Willard de Martin Sheen en el final de aquel clásico: “El horror, el horror”. El conflicto bélico en la pantalla grande comenzó casi junto con el nacimiento del cine, pero no sería hasta la Primera Guerra Mundial donde se instalaría como género en sí mismo. La barbarie nazi añadiría otra página, que también frecuentará el cine de Hollywood, sumando la derrota de Estados Unidos en Vietnam. Allí es donde Francis Ford Coppola realiza su amarga reflexión sobre la discontinuidad moral. Un Apocalipsis de destrucción y un confín del mundo como situación límite, que cumple tres décadas. Porque, aunque parezca increíble, Apocalypse Now se estrenó en Estados Unidos el 17 de agosto de 1979. Y es tan actual ahora como entonces. Pasarían veintidós años para que llegara Apocalypse Now Redux, cuando Coppola y el montajista Walter Murch remontaron la película desde cero y le añadieron 53 minutos al original. Pero esa “nueva versión” sólo hizo agigantar la fama de la obra. El legendario trabajo del director de La conversación tuvo un lanzamiento único: presentada en la competencia oficial en el Festival de Cannes en mayo del 79, ganó por aclamación la Palma de Oro. Luego de su estreno norteamericano conquistó ocho nominaciones al Oscar (de los que ganó dos) y un hecho casi sin precedentes: el haberse estrenado en todo el mundo ya convertida en un filme de culto. Apocalypse Now fue una película sobre la mitología, y no la épica, de la guerra. Y, también, un trabajo cuya producción estuvo rodeada del aura mítica, no menos singular, de los planes imposibles.
Coppola pensó que nunca terminaría de rodarla, luego de dos años de filmación, de los cuales doscientos treinta y ocho días fueron en Filipinas. Los tropiezos se encuentran en los anales del cine, pero bien vale recordar sólo algunos: Marlon Brando, el inolvidable Coronel Kurtz, cerró su contrato por un millón de dólares a la semana, pero al momento de viajar se negó a hacerlo. Cuando lo convencieron, arribó al set demasiado gordo y sin una línea del guión memorizada, lo que obligó a Coppola a repensar muchas de sus escenas para que fueran verosímiles. Ya había tenido que reescribir todo el papel que compuso Robert Duvall, cuando Steve McQueen se rehusó a participar por menos de 16 millones de dólares de cachet, y similares problemas se sucedieron con Harvey Keitel, reemplazado por Martin Sheen, luego de varios días de rodaje. Nadie creería hoy que Brando, la gran estrella de El Padrino, terminó siendo dirigido por un asistente porque fue tan devastadora su presencia en el set como la del ciclón Didang, que destruyó decorados valuados en un millón y medio de dólares. Ese manantial de anécdotas, que incluyen desde el infarto de Sheen hasta cientos de desastres financieros, también anota un dato insospechado: que Georges Lucas iba a ser el director de Apocalypse Now, antes de que los grandes estudios rechazaran el proyecto. De concretarse el proyecto, las vueltas de la historia hubieran hecho que la versión libre de la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, se convirtiera en un filme muy diferente al que conoció el mundo. El inicio del camino siguió siendo arduo, la poco feliz frase de Coppola al presentar la película en Cannes (“Éste no es un filme sobre la guerra, es la guerra”), le valió la reprobación de uno de los críticos más importantes, Jonathan Rosenbaum, quien advirtió que Apocalypse Now no está basada en ningún relato directo. También porque en esa guerra que -según Coppola- trasciende el modelo de representación para erigirse en verdad, no existen los vietnamitas sino como crueles y anónimos enemigos. El veterano crítico acierta al considerar que la película se encuentra en un sustrato mucho más liviano y espectacular que otras, como Nacido para matar o El francotirador. De hecho, Coppola cortó las escenas que daría a conocer veintidós años después por miedo a que fuese una película demasiado larga y ajena al gusto del público de la época. En la Argentina, Apocalypse Now se estrenó el 3 de abril de 1980, en plena dictadura militar. Por eso, muchos de los diálogos quedaron sin traducir en los subtítulos locales que, proféticamente, marcaban el camino que dos años después conduciría a la vergüenza de Malvinas. Pero el horror nunca había estado tan cerca. En esa cotidianidad es lo que hace que una película se convierta en necesaria e indisoluble para toda una generación, que la conoció tan lúcida como peligrosamente real.
Publicado en la revista Debate en su edición del 15 de Agosto de 2009 - www.revistadebate.com.ar
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