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Soldi: hombre de Cine PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Francisco Urondo   

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En este artículo escrito por Francisco "Paco" Urondo para la revista Leoplan, y que publicamos como homenaje retrospectivo al autor y su obra, se rescata el perfil olvidado del gran pintor argentino Raúl Soldi y su paso por el cine.  

Como pintor, Raúl Soldi ha ganado suficiente prestigio entre nosotros; su firma es costosa y su nombre ya es un renombre. Sin embargo, hay algo que muy pocos conocen: Raúl Soldi ha sido durante años, hombre de cine. El mismo nos lo dice: "Luis Saslavsky vio en la casa Breyer un affiche mío para la película italiana Pergolessi, y me propuso que le hiciera el decorado para su film Crimen a las 3, allá por el año 1932". Desde ese año, hasta los alrededores de 1948, Soldi estuvo vinculado al cine, y en su tarea no se limitó a realizar y proyectar decorados de distintos films -aproximadamente 80-, sino que trabajó como asistente de dirección, Historia de una mala mujer, de Saslavsky, como codirector, Un ángel sin pantalones -película en la que Pepe Iglesias hacía de boy-scout-; también dirigió un par de películas.

 

Introductor de embajadores

El último film en el que intervino Soldi como decorador fue La doctora quiere tangos, de Alberto de Zavalía. "Con él prácticamente empecé y terminé mi carrera", comenta Soldi.
En efecto, la segunda película en la cual intervino fue Escala en la ciudad, también de Zavalía, donde es curioso descubrir innovaciones que rompían con el tradicional verismo con que el cine nacional movía sus escenarios. A Delia Garcés la conoció en los viejos estudios de Sono Film, en la calle Bulnes. Esperaba que su hermana terminara de filmar y, como el lugar era frío, Soldi la invitó a que pasara al estudio, donde, con el calor de los reflectores, el clima era menos crudo. Delia Garcés aún no había iniciado su carrera profesional; tal vez no pensaba encaminarse por ese terreno. Años más tarde, hizo un papel muy pequeño en Viento Norte, llamada por Amadori. Pero esto fue después que Soldi la hizo "entrar" en un estudio.

 

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Escena de Albéniz, Sabina Olmos, Susana Canales y escenografía de Raúl Soldi

 

A pulmón

"Yo trabajaba en Sono Film como escenógrafo y se me ocurrió hacer cine experimental". Lo hicieron en el foyer de arriba del Teatro Nuevo, ubicado donde ahora se levanta el Teatro San Martín: allí funcionaba el Teatro del Pueblo, de Leónidas Barletta. Los lunes aprovechaban para filmar, es decir, cuando la compañia tomaba un descanso semanal. La película se llamó El collar de Napoleón. El argumento fue escrito por Soldi, que también realizó y proyectó la escenografía y ejerció la dirección del film. Era una película muda que relataba las peripecias de un grupo de ladrones que robaban obras de arte, frisos, relieves, etcétera, y con ellos construían en un sótano una especie de palacio donde vivían como príncipes. La acción comenzaba en el stand de tiro al blanco de un parque de diversiones y tenía ciertas situaciones poco convencionales para la época: era necesario obtener un collar de perlas similar al de una famosa reina. Mientras meditan cómo lo obtendrán, juegan al billar, las bolas se chocan, se unen y se reducen en su tamaño, hasta que forman un inesperado collar. En otra secuencia, una mujer baila con una radio y se envuelve en el cable eléctrico. Trabajando los lunes, la filmación se prolongó cuatro o cinco meses. Joaquín Pérez Fernández, uno de los actores, aprovechaba el tiempo disponible entre toma y toma para ensayar bailes. Hubo también inconvenientes de orden doméstico: Horacio Coppola dirigía las cámaras y debió operarse de amígdalas a mitad de la filmación. El montaje de la película estuvo bajo la responsabilidad de Raúl Soldi, con la colaboración de Mollas. A las filmaciones asistía Leónidas Barletta, que luego hizo su incursión en el cine con la película Los afincaos.

 

Los comienzos

Pero la verdadera carrera cinematográfica de Soldi comienza cuando éste tenía apenas 8 o 9 años. "Un padrino -recuerda- me regaló un proyector de manija. Allí podía pasar películas; por supuesto, mudas. El mecanismo del proyector era harto precario. La lámpara no era eléctrica, sino de kerosene".
Soldi, readaptó el incierto mecanismo y convirtió el artefacto proyector en filmadora: para ello colocó un lente "vidrio de botella" -dice-; compró celuloide, que cortó en tiras y luego perforó con una fresadora. Así salió a filmar a la calle unos dos metros de película, en la que podía verse un carro que pasaba plácidamente. Algo así, en suma, como premonición de lo que fue el neorrealismo italiano. Soldi se ocupó también de revelar el "positivo" y el "negativo" del film.
"A lo mejor podía comprar el celuloide, pero hay momentos en que uno quiere hacer todo; tenía habilidad manual, siempre la tuve, desde chico: uno es un artesano y entonces cree que puede hacer todo, y después, cuando lo hace, cuando ha terminado algo, sientre una gran alegría".

 

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El pintor Raúl Soldi fue uno de sus primeros vidrieristas de la gran tienda Harrod's de Buenos Aires

 

La ceca

Después de El collar de Napoleón hizo dos cortos. "Tengo el honor de haber dirigido la primera película argentina que se pasó en el cine Gran Rex; por aquellos años sólo el Monumental pasaba cine argentino, y por eso se lo conocía como "El palacio del cine criollo". La exhibición era a beneficio de los daminificados por un terremoto producido en esos meses en Chile, en los alrededores del año '40. La protagonista del film era Azucena Maizani, que cantaba dos tangos: "Venía por una calle, se asomaba a una ventana y cantana un tango. Después entraba en un rancho y se encontraba allí con un chico que estaba llorando; era un muñeco, lo tomaba en brazos y cantaba otro tango". Filmaron la película en un sólo día, y Garate, actual gerente de Sono Film, hizo el montaje; aunque tal vez lo hiciera Carlos Rinaldi; Soldi no recuerda muy bien. El segundo corto fue algunos años después, cuando una casa comercial decidió invitar a pintores argentinos a decorar sus vidrieras en primavera. En esa primera oportunidad se hizo un documental en el que aparecen trabajando los pintores Raquel Forner, Miguel Ocampo, Curatella Manes, Battle Planas, del Prete, Leopoldo Presas y el mismo Soldi, que había hecho el guión y luego tuvo la dirección del film. Hay también un proyecto fallido: en 1935, con Federico Valle y el pintor Butler conciben la idea de realizar una película con títeres. Para ello levantan un pequeño escenario y seis muñecos. Un viejo trovador recorre las calles de esas reducida ciudad cantando y tocando su laúd; una princesa se asoma a su balcón para escuchar, y allí es sorprendida por un príncipe enamorado y, por lo visto, celoso, que castiga duramente al trovador. La película no fue concluída, porque ya iba costando demasiado dinero. El argumento era de Soldi y la fotografía de Alberto Etchebehere. Todos movían muñecos durante la filmación.

 

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Afiche de estreno del film Kilómetro 111, de Mario Sóffici, con escenografía de Raúl Soldi

 

La meca

En 1941 estuvo siete meses becado en Hollywood por la Dirección Nacional de Cultura de nuestro país. Mario Vanarelli fue el otro único becario que el gobierno envió a USA en esta especialidad de la escenografía cinematográfica, algunos años después. Le dieron 8.000 pesos, con los que debía pagar el pasaje; claro que cada dólar costaba, en ese entonces, tres argentinos. "En la Warner lo encontré a Negulesco. Lo había conocido en París en el año 1926 cuando todavía era pintor. Al verlo le pregunté: '¿Qué hace usted aquí?', y me contestó: 'Ahora soy gangster, o director de cine, que es lo mismo'. En esa época, Negulesco hacía un cortometraje y estaba por filmar otro sobre el "ballet" de Montecarlo; le pidió a Soldi que le proyectara dos decorados; pero finalmente no pudo hacerlo, porque todavía no contaba con los dos años de residencia que se exige en ese país para admitir el trabajo de extranjeros. Conoció, además, algunos monstruos sagrados, como Bárbara Stanwyck y la gran Marlene Dietrich; también otro talento: Judy Garland, que mantenía largas conversaciones en castellano con nuestro pintor. En los EE.UU. ocurrían, por ejemplo, cosas insólitas: para hacer puchero a la criolla había que comprar la carne en una carnicería judía. Compraba su queso "parmigiano" en el almacén de un hermano de Frank Capra. Aprende muchas cosas del oficio: hacer efecto de oleaje supone cuatro celuloides superpuestos con una raya negra que los atraviesa. Un western se filma en ocho días, y una filmación común y rápida lleva más de seis semanas. Pero, "en Hollywood hay desprecio por Sudamérica", además, "es un poco triste, se ve gente esperando, siempre esperando, diez años esperando, veinte años esperando una oportunidad que nunca llega, manejando proyectos que no siempre se cumplen".

 

Te acordás hermano

"Empecé con Saslavsky aquél día en que vino a buscarme a mi tallercito de la calle Jujuy. "Usted va a ser un buen decorador de cine" -me dijo-. No sé si realmente llegué a ser bueno, pero la verdad es que me adapté en seguida al trabajo". Después vinieron los años duros en que Soldi trabajaba para Sono Film y de noche pintaba. "Mis amarillos en los cuadros de esa época son producto de la luz eléctrica que usaba para pintar de noche; y pintaba siempre de noche y la luz se traga los amarillos; se ven poco". Muchos años después de todo esto, cuando Saslavsky era hombre importante en los Estudios San Miguel, Soldi le pidió que le diera alguna película para dirigir, pero no tuvo suerte: "Vos seguí pintando", le dijo. Soldi actualmente confiesa: "Y la verdad es que ahora le estoy agradecido".

 


Publicado en la revista Leoplán, en su edición Nº 702 del 20 de Noviembre de 1963.

 

  

 

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