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¿Quién se atreve a ver envejecida a una diva? ¿Cuál es el límite que separa a la estrella y mito perdurable de la cruel decadencia de la carne? Estas preguntas rondaron, seguramente, la cabeza de todo joven espectador que transcurrió el calendario de la vida al mismo tiempo que su perpetua enamorada de la pantalla. Pero claro, el cine exige que las estrellas nos iluminen desde su inmortalidad y su eterna juventud. |
Sophia Loren, por el contrario, acepta sus años (cumplirá 75 en setiembre) y sigue siendo decididamente hermosa. Eso, al menos, lo comprobaron los espectadores de Francesca, película con la cual la veterana Lina Wertmüller retornó, luego de una larga ausencia, a las pantallas argentinas. El éxito del filme en nuestro país reencontró a dos de los protagonistas de la clásica Amor, muerte, tarantela y vino, otro rostro reconocible de esa envidiable generación del setenta del cine italiano, como Giancarlo Giannini. En Francesca, Loren no tuvo miedo de envejecer hasta los noventa años para mostrar la vida de una emprendedora de la pasta.

Ahora, Wertmüller reflexiona sobre la mujer, la familia y el matrimonio cuando se han cumplido las siete décadas. Relaciones de pareja que, también recientemente, hilvanó en teatro con La viuda astuta, del gran comediógrafo italiano Carlo Goldoni. Según recordaba la realizadora en una oportunidad en la que recibió a este cronista en su casa (un piso con vista a Piazza del Popolo, en el centro de Roma), “ésa fue la primera obra en la que Goldoni escribió los diálogos e, históricamente, es muy importante porque es el nacimiento de la comedia italiana”. Seguramente, esta síntesis entre la tradición literaria sumada a la reflexión sobre la mujer añadan una vuelta de tuerca más a su filmografía. No accidentalmente Wertmüller toma la obra de María Orsini Natale, otra mujer de setenta años al momento de realizar Francesca. Otro punto de conexión, para nada menor, es con Demasiado amor, que se estrenó en Buenos Aires el jueves último, que refleja la historia de una mujer inserta en una familia que parecería no existir más. Melodrama de cocina y delantales en los que el cine italiano descolló. Pero, a no confundirse: Arcangela Felice Assunta Wertmüller von Elgg Spanol von Braueich, Lina, cumplirá el próximo 14 de agosto, 83 años. A su vitalidad, se añade el hecho de haber sido testigo privilegiada de la gran historia del cine italiano del siglo XX. También el haber participado como asistente de dirección de Federico Fellini en Ocho y medio. “En estos sillones se sentaba siempre Federico cuando venía a casa”, dijo Lina al recordarlo por su extraordinaria creatividad en el set, y añadió con cierta nostalgia: “Éramos dos chicos que quisimos seguir siéndolo toda la vida”. Esa fascinación había comenzado mucho antes, cuando una compañera, Flora Carabella, le insistió para que tomaran clases de teatro. En ese espacio conoció a otros alumnos que, años más tarde, alcanzarían la fama, como Nino Manfredi y Paolo Panelli. Sin embargo, el toque de gracia definitivo fue cuando su compañera de estudios se casó con el gran Marcello Mastroianni. Ésa fue su llave de ingreso en Cinecittá.

Dueña de los títulos más largos de la historia del cine, Demasiado amor es la adaptación local de otra larga carta de presentación: Peperoni ripieni e pesci in faccia, es decir, la onírica pero casera Pimientos rellenos y peces en la cara. “Los productores y distribuidores me pedían títulos cortos porque son más fáciles para promocionar el filme pero, por mi naturaleza, automáticamente hice lo contrario. Ellos no leen y siguen el modelo de Estados Unidos. Es una cuestión de mentalidad. Aparte, me gusta hacer ese juego con el público. Escuché decir cualquier cosa de mis películas, cualquier título, y eso es lo mejor”, dijo a quien esto escribe. Wertmüller, nacida en el seno de una aristocrática familia de ancestros suizos e histórica residencia romana, fue la primera mujer nominada al Oscar en la labor de dirección. Igual mérito obtuvo por su trabajo -junto a Franco Zeffirelli- en el guión de Hermano Sol, Hermana Luna. Y otra de sus películas, Pascualino siete bellezas, con esos burdeles barrocos que se asemejan mucho a su casa colmada de grandes cortinados y lámparas Lalique, fue un descomunal éxito internacional. Cuando se le preguntó sobre la remake de Insólito destino (protagonizada por Madonna, una mujer plena de independencia), señaló: “La verdad que no quiero ver la película. Alguien que nace llamada Ciccone (ndr: el verdadero apellido de Madonna), no es siquiera bella, no tiene una buena voz y la llaman star, es alguien muy inteligente. Ahora, cuando pienso en esto, me pregunto: ¿habrá una idea? No creo, me parece que había un marido y algunas ilusiones”. Con mirada pícara detrás de esos eternos y resplandecientes anteojos blancos agregó: “Aunque debo decir en su defensa, que nunca conocí a Madonna”. Con el filme que se acaba de estrenar, los espectadores podrán conocer cuatro generaciones de una familia napolitana que, moderna y disfuncional, es dominada en la pantalla por la arrolladora presencia de “La Loren”, una mujer que, como Lina Wertmüller, bien sabe lo que significa ser libre.
(publicado en la Revista Debate, en su edición Nº 334, del sábado 8 de Agosto)
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