|
|
|
Uno de los panales más abundantes y sabrosos para saborear el bembergiano “de eso no se habla” es la vida cotidiana en las comunidades pequeñas. La literatura de Manuel Puig sacó buen provecho del submundo provinciano y el cine de todas partes, también. |
Esta película de Santiago Giralt –coguionista de Cordero de Dios y Géminis, codirector de la tan festejada UPA!- transcurre en Venado Tuerto, de donde es oriundo. Tal vez inspirándose en gente que existe o existió, tal vez corporizando presencias que sólo habitaron desde siempre su imaginación, compone un mosaico de personas comunes que como suele suceder, está sola y espera. Hay fracturas definitivas pero de esas que sin embargo dejan cicatrices, como la que vive Ana (Mónica Villa) separada de su marido y en litigio por la casa que ella habita sola. Hay señoras muy lindas que cuando se saben engañadas toman revancha como lo hace Alicia (Erica Rivas) y también chicas poco agraciadas pero empeñosas en eso de buscar el amor, tal el caso de Lola (Lola Berthet). Como en tantos lugares, hay un muchacho con pinta, ganador nato, que picará aquí y allá como lo hace el gimnasta que interpreta el ascendente Luciano Castro. Y hay, claro, sexualidades que deben ser asumidas como lo hace el mortificado y mortificante adolescente que compone Elías Viñoles. Un predicador religioso (Alejandro Urdapilleta) llega con su asistente para todo servicio, completando el centro del cuadro que animan algunos más. El escenario clave será el hotel más frecuentado de la ciudad donde casi todos se cruzan en un recurso argumental tan forzado como poco creíble.

El film de Giralt tiene crujidos que se dejan oír y algunas durezas narrativas que surgen, es cierto, de un guión severo, algo rígido y poco complaciente. Sin embargo, Toda la gente sola se beneficia con una sinceridad y entrega muy grandes por parte del reparto, pero también porque lo que el realizador quiere mostrar excede el prurito profesional y el amor propio de hacer las cosas bien, para destilar una nítida calidez afectiva. Queremos decir con esto que Giralt y su equipo trasmiten la sensación de haberse embarcado en un relato que los involucra y es por eso que la película consigue involucrar de algún modo al espectador. Si la estructura temática general puede resultar un poco falsa, son muy auténticas las situaciones por separado y ellas arman la red de sostén. Por ejemplo, la escapada de Alicia con Julián donde la calidad de Erica Rivas transita por todos los matices que van del deseo a la culpa, pasando por la revancha. O la apuesta consigo misma que gana Ana, donde el premio será un bien inmobiliario pero por encima, la recuperación de su dignidad. Sin olvidar el excelente y fino trabajo de Lola Berthet. Y desde luego, el cinismo del pastor –donde se ven más los hilos de un libro con trampas- enriquecido por el talento de Urdapilleta. Toda la gente sola tiene seres comunes y reconocibles. Sí, es cine costumbrista. ¿Giralt deberá exiliarse por haber cometido ese pecado?
|