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Un adiós inesperado al gran Alejandro Doria PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pablo De Vita   

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Víctima de una neumonía crónica que complejizó su proceso en los últimos días, falleció el director de cine Alejandro Doria a la edad de 72. Creador de recordadas películas del cine argentino como Darse cuenta y Esperando la carroza, con su última película -Las Manos- obtuvo el premio Goya a la Mejor Película Extranjera de habla hispana. Todo un ejemplo de un cine que supo aunar gusto popular y talento artístico en variados éxitos.  

Había nacido el 1º de Noviembre de 1936 en Buenos Aires y. en rigor, su primer acercamiento con el medio lo tuvo a través de la televisión, dirigiendo la serie Nuestra Galleguita por las pantallas de Canal 9. El éxito fue inmediato, y no lo abandonó por cuatro décadas.
Esto es así porque Alejandro Doria no sólo fue un director de gran relevancia artística, también fue una guía para el cine y la televisión argentina en términos de impacto de público. En un caso puede citarse Alta comedia, en el otro a Esperando la carroza, un film que es celebrado aún hoy de la misma forma que hace 25 años atrás. La televisión le brindó grandes alegrías y dificilmente otro realizador tuviera el privilegio de que su nombre figurara como garantía absoluta de público, tal el caso de Los especiales de Alejandro Doria. Antes, Atreverse cotidianamente obtenía 30 puntos de rating. También significó seis Martin Fierro que sumaron a los once que obtuvo Doria en toda su carrera. En su primera etapa, en los años '70, también merecen destacarse la repercusión de Papá corazón, con Andrea del Boca, y Pobre Diabla con Soledad Silveyra y Arnaldo André.

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En un alto de la filmación de 18-J, en la que dirigió uno de los cortometrajes


Su periplo cinematográfico también aunó espectadores y reconocimiento. Las manos, basada en la vida del cura sanador Mario Pantaleo ganó los principales premios de la Academia de Cine de Argentina y el de película extranjera de habla hispana de su par española. En este último caso, se había impuesto a la boliviana América Visa, la chilena En la cama y la colombiana Soñar no cuesta nada. Insospechadamente aquél melodrama de corte clásico, protagonizado por Jorge Marrale y Graciela Borges, hoy significa el cierre de una carrera que en la pantalla grande significó para Doria convertirse en un nombre ineludible del cine argentino.

Su ópera prima fue Años infames (1974), a la que continuó Contragolpe (1978). La isla (1979) significó una metáfora aguda en los años de silencio de la última dictadura militar, a la que prosiguió el estreno de un film con un título movilizador: Los miedos (1980). En tanto Los pasajeros del jardín (1982) significó aunar su filmografía con un relato de Silvina Bullrich

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Antonio Gasalla como Mamá Cora en Esperando la Carroza, gran clásico del cine nacional.

 

Pero dificilmente otra película como Darse cuenta (1984) haya condensado la realidad y esperanza de la recuperación democrática. Luis Brandoni en la revista Debate, hace dos semanas, sintetizaba: "Darse cuenta constituyó la metáfora política más potente del año 84, a nadie se le escapa que quien deja las muletas para volver a caminar es el país. Para mí, además, fue muy especial porque significó mi primer papel luego de la prohibición. Esperando la carroza es un representante magnífico de un género muy propio, como es el grotesco. Mismo género que Cien veces no debo, escrita por Ricardo Talesnik. Cuando mi personaje se entera de que su hija esta embarazada y grita por la ventana “le inflaron el bombo”, prefiero no recordarlo, porque hicimos los gritos un par de veces, me daba vergüenza mirar cómo estaría el barrio".

En su carrera obtuvo siete premios internacionales, entre ellos el Premio Goya 2007 y el Colón de Plata por Las manos, el Premio Cóndor de Plata, por Darse cuenta, el Premio Sur por Las manos y el Premio Ecuménico del Festival de Montreal por La isla. Esperando la carroza tuvo estreno en los sitios más remotos, como Rusia, y en cada pantalla fue un éxito. "No conozco una cosa igual, que, a 25 años de su estreno, las generaciones jóvenes sigan hablando de ella. Es una película que esta viva", recordaba Brandoni en aquella entrevista. Una síntesis que puede homologarse al cine y al testimonio que Alejandro Doria dejó como huella indeleble con sus grandes labores para la televisión y la cinematografía nacional.

 

 


 

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