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Alberto Vacarezza no tenía cara de poker PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rómulo Berruti   

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Hace medio siglo, un 6 de Agosto,  se iba el gran sainetero Alberto Vacarezza, rey del género chico argentino, dueño de una enorme facilidad para versificar sencillo y de un olfato muy fino para detectar el rastro de lo popular. Su obra El conventillo de la paloma es el texto teatral más famoso de América Latina, aunque son superiores Tu cuna fue un conventillo y Juancito de la Ribera. El conventillo… tuvo su versión cinematográfica en 1936 dirigida por Leopoldo Torres Ríos y con Tomás Simari como figura predominante. Esta semblanza rescata un costado pintoresco de su marca registrada. 

Una de las figuras que por razones familiares tuve ocasión de tratar fue Alberto Vacarezza, autor del célebre sainete El conventillo de la Paloma. Lo conocí siendo muy chico. Recuerdo que ante un cumpleaños de mi abuela Juana, me sugirieron aprender algún poema para la fiesta. Eran tiempos en que los niños, engominados y almidonados, recitaban para los mayores. Don Alberto me dio uno suyo, de fuerte sonoridad patriótica, que empezaba “Brilla el sol en los aceros...” Tuve un éxito considerable. Con el correr de los años, le tomé afecto a ese gigantón de voz gruesa y mirada socarrona. Y a través de mi tío, el autor teatral Alejandro Berruti, coguionista del segundo film sonoro del cine argentino, basado en una obra suya, Dancing, fui conociendo también algunos aspectos de su personalidad. Vacarezza era rebelde por naturaleza, poco afecto a las ataduras de cualquier tipo. Parece que cambiaba de pareja bastante seguido y se comprende: a las esposas no les gusta demasiado que el marido salga a las ocho de la noche y llegue de día. Menos aún, si partió con los bolsillos abultados y los trae piel y hueso. Porque don Alberto era jugador. Se prendía en todas. Y como ganaba mucha plata –El conventillo de la Paloma lo hubiera hecho rico en serio de haberla cuidado- siempre estaba disponible para un convite donde se trataba de hacerle cosquillas a la suerte. Su gusto mayor era el naipe, así como otros colegas suyos se zambullían en los caballos o la ruleta. Y ya se sabe que el jugador pierde hasta cuando gana, porque nunca se retira. Pero todavía si –como Alberto Vacarezza- no tiene cara de póker. Sus anécdotas de timba son muchas, pero dos de ellas me parecieron siempre indentificatorias. Una tarde dejó su departamento céntrico y empezó a caminar buscando una lechería para comprar huevos. La encontró, pidió la mercadería, se la envolvieron y cuando ya se iba, su fino oído pescó frases inequívocas que venían de adentro.


- ¿Están jugando?- le preguntó al pibe que atendía.
- Creo que sí...
- Mirá, te dejo esto aquí y me asomo a mirar un rato. No te preocupes que a mí me conocen todos.
  Dos horas después, con cara de velorio, salió de la trastienda. Tomó el paquete que allí seguía sobre el mostrador y enfiló hacia la puerta.
- Oiga, señor, me tiene que pagar...
- No hay problema, pibe, ya arreglé con el patrón. Es la docena de huevos más cara de toda la historia.

 

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En otra ocasión, cayó a una mesa de póker donde lo conocían como fuerte apostador. Le hicieron sitio, le dieron fichas, las pagó. Pero antes de que empezaran a correr las cartas, don Alberto se puso serio y comunicó a la respetable concurrencia mientras mostrabas billetes chicos:


- Esto es lo único que voy a jugar. Tengo que parar la mano.
   Y retirando de la cartera un billete grande, lo dobló en cuatro y se lo metió en el bolsillo chico del pantalón.
- ¿Ven? Estos cien están presos. Lo muestro para que no crean que vine medio seco, a la pesca. ¡Estos cien están presos, están en cana y de aquí no se mueven!
    Vacarezza pierde una mano. Y la siguiente. Gana un pozo jugoso y lo deja enseguida, porque intenta mentir con dos seis. Cuando se queda sin fichas, acatando su advertencia inicial, lo puentean y no le dan naipes. Sigue de mirón un par de manos. Amaga irse, pero enciende un cigarrillo y vuelve a sentarse. No puede más. Le sudan las manos. Se aguanta una serie corta de abiertos y pega el grito:
- ¡Dame una caja!
  En principio, sólo le responde el silencio. Don Alberto, sacando el billete del bolsillito y alisándolo sobre el tapete, lo mira fijo y le dice:
- ¡Vos sí que sabés elegir abogados!


Este gran pintor de la inmigración fue muy prolífico. Escribió ciento diez obras teatrales, treinta y cinco letras de canciones -entre ellas los tangos Talán, talán, pasa el tranvía por Tucumán y La copa del olvido- además de poemas y libretos para radio y cine que no están clasificados. Como se ve por estos recuerdos que acabo de evocar, distribuía bien su tiempo. Y siempre encontraba un rato para comprobar que ninguna ficción consigue que cuatro ases juntos, por mucho que brillen en la mano, puedan más que una primorosa escalera del mismo palo.

 

Alberto Vacarezza

(Buenos Aires, 1º de Abril de 1886 - 6 de Agosto de 1959)

Colaboraciones cinematográficas 

 

Tu cuna fue un conventillo (1925) - guión- Dirigida por Julio Irigoyen.
El conventillo de La Paloma (1936) -autor de la obra original- Dirigida por Leopoldo Torres Ríos.
Lo que le pasó a Reynoso (1937 y 1955) -guión en base a su propio texto- Dirigida por Leopoldo Torres Ríos.
Viento norte (1937) - guión en base a textos de Lucio V. Mansilla- Dirigida por Mario Sóffici.
Murió el sargento Laprida (1937) -guión en base a su obra teatral- Dirigida por Tito Davison.
El cabo Rivero (1938) -autor de la obra original- Dirigida por Miguel Coronatto Paz.
Pampa y cielo (1938) -guión- Dirigida por Raúl Gurruchaga.
La vida es un tango (1939) -tema musical- Dirigida por Manuel Romero.
Los apuros de Claudina (1939) -autor de la obra original- Dirigida por Miguel Coronatto Paz.
El comisario de Tranco Largo (1942) -autor de la obra original- Dirigida por Leopoldo Torres Ríos.
Sendas cruzadas (1942) -autor del argumento- Dirigida por Luis A. Morales y Belisario García Villar.
Cuando un pobre se divierte (1951) -autor del sainete- Dirigida por Roque Lavera (no estrenada comercialmente).

 

 Hugo del Carril cantando "La copa del olvido" de Alberto Vacarezza y Enrique Delfino, fragmento de La vida es un tango emitido por Canal 11 de Argentina en el programa La botica del tango.


 

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