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Luisa: La soledad en un dibujo que elude el melodrama PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rómulo Berruti   

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Ofrecida como preestreno en el último festival de Pinamar con la presencia de su figura excluyente, Leonor Manso, esta película de Gonzalo Calzada participa de algunos de los anzuelos más eficaces del exitoso cine argentino que no desprecia –todo lo contrario- al público masivo.  

Pero lo hace eludiendo el lastre del costumbrismo para meterse en una zona inteligente y atractiva que comparten el humor negro, el retrato intencionado, el dolor de la soledad y la condena moral. Buena parte de los resultados positivos se deben al guión de Rocío Azuaga, una debutante jóven que supo conducir la historia por esos senderos que confluyen y se bifurcan. La protagonista es Luisa, una mujer que se ha quedado sola y que como suele suceder en tales casos reemplaza los afectos con la puntualidad. Se rige por rutinas inflexibles, respeta los horarios, trabaja en un cementerio privada y adora a su gato, la única compañía que consiguió aceptar. Pero  una mañana, el mundo se le derrumba: la echan del trabajo principal y del secundario (era asistente de una actriz veterana) y encuentra al minino muerto. Luisa, firme como un roble, no se deprime. Busca darle a su mascota una tumba pero son muy caras y ante la falta de indemnizaciones sale con ímpetu a ganarse la vida. Mientras el cadáver del felino gana tiempo en el frizzer de una heladera, ella mendiga en el subte. Todo sin perder un gramo de dignidad y admitiendo una especie de socio-maestro que se las sabe todas en el oficio.

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    No vamos a ir más allá, pero sí vamos a decir que hay buenas ideas y originalidad en el libro de Azuaga, pericia en la narración de Calzada para captar las intenciones del guión y un formidable trabajo de Leonor Manso, gran actriz donde la pongan. El film se moldea en torno a su interpretación que luce una sorprendente captación de las fibras más íntima del personaje, empezando por un estupendo dibujo corporal –una semirigidez que contiene tensiones y a la vez exhibe orgullo- y terminando por una fina sabiduría para usar el primerísimo plano en el rostro. Jean Pierre Reguerraz se luce en el mendigo veterano y hay otros trabajos igualmente valiosos que apuntalan esta película atrapante y astuta. Merece que el público la tenga en cuenta.

 


 

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