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Belle Toujours, una genialidad de Manoel de Oliveira PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pablo De Vita   

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Belle Toujours, ante todo, es un homenaje y también una pregunta. El recuerdo es al genio indómito de Luis Buñuel, a 38 años de que Belle de Jour entregara a la magnética Catherine Deneuve. La indagación apunta a los márgenes de la vida, cuando se arrastra la culpa y la expiación. ¿Cómo acarrear la perversión y los recuerdos de la juventud en una sociedad en la que todo parece permeable, posible y lícito?  

 Belle Toujours también muestra la noción de identidad en la modernidad, llevada hasta los límites del consumo y enviciando la diferenciación entre lo público y lo privado. La historia devuelve a dos personajes, Henri Husson y Séverine Serizy, 38 años después de que los dejara Luis Buñuel. Así pareciera encontrarlos Manoel de Oliveira, casi por accidente, en un excelso concierto con la batuta de Lawrence Foster y música de Dvorak. La pregunta ¿qué fue de ellos? ronda la mente del realizador de Viaje al principio del mundo y es trasladada a su vital protagonista, Michel Piccoli. En el papel de Husson accidentalmente ve a Séverine en la gala orquestal.

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Husson intenta por todos los medios llegar a Séverine, y ésta lo esquiva constantemente. El disparador es el final mismo de Belle de Jour: conocer el secreto que Husson le contó al marido de Séverine, mudo y paralítico, y al que ella nunca accedió. Con esta excusa, él logra concertar un encuentro para develar el fantasma que acompañó a Séverine durante casi cuatro décadas.

Manoel de Oliveira es siempre sorprendente, deslumbrante y, principalmente, exquisito. Aquí continúa su senda evocativa sobre el sentido del cine, como lo hiciera en La Carta con Bresson y en Un filme falado con Rossellini, pero el resultado es mucho más directo desde el título; el homenaje en créditos a Luis Buñuel y Jean-Claude Carriere; y los protagonistas, el original de Belle de Jour, Michel Piccoli, y la recordada musa del cine vanguardista de los setenta -y figura de El discreto encanto de la burguesía- Bulle Ogier. El consejo para el desprevenido es conocer, o repasar, el gran clásico “buñueliano” para que el deleite sea completo.

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La excepcional cena incluye los artilugios surrealistas de Buñuel (la gallina y la caja), para demostrar la revancha final, plena de sadismo y deseo por poseer, de algún modo, a la mujer que, se sabe, será imposible. También brinda la seguridad de que Manoel de Oliveira domina el arte cinematográfico como un juguete propio, a poco de cumplir activos cien años y con sólo trece de distancia del nacimiento del cine. Tímidamente, da a entender que comprendió como pocos a Luis Buñuel. Este explícito homenaje es un ensayo sobre el tiempo de insoslayable carácter metadiscursivo, nos dice que la vejez puede ser la otra cara de la sabiduría.

 

 

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