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11º BAFICI: Wendy and Lucy, Marley indie PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Lorena Cancela   

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En el cine, historias de afecto entre humanos y animales hay muchas, pero solo algunas son memorables: Au hasard Baltasar (1966) de Robert Bresson, Babe, el chanchito valiente (1995) de Chris Noonan, y la más reciente Marley y yo (2008) de David Frankel, por nombrar tres, formarían una terna. Juntas son, también, una muestra de las variadas estéticas y maneras de producir que hacen al quehacer cinematográfico: La primera en tanto representante de una poética autoral y un modo de rodar por fuera de los parámetros industriales, la segunda como muestra de lo que la tecnología es capaz de realizar en términos de animación (hacer hablar a un chanchito), y la última como integrante del género del drama hollywoodense; una mezcla de gags y situaciones dramáticas que tienen como trasfondo el american way of life.  

Wendy and Lucy (2008) de  Kelly Reichardt (a la cual el Bafici le dedica una retrospectiva y la edición de un libro), integra el conjunto, pero con la salvedad de estar a tono con eso definido como cine independiente norteamericano: Filmar por fuera de los estudios, con pautas de producción ajenas al show business, su estandarizada estética y, sobre todo, contenidos. Y si bien no todos los cineastas independientes producen de la misma manera, y mucho menos construyen una universo parecido, esta película en particular de Reichardt tiene semejanzas con las últimas filmadas por Gus Van Sant (Elephant, Paranoid Park): adolescentes a la deriva, pocos actores, locaciones reales, y una trama mínima potenciada por el tiempo que se le brinda al desarrollo de distintas situaciones azarosas, dispersivas. Películas donde lo que otrora se definía como tiempo muerto y el “mundo real”, se transforman en verdaderos protagonistas.
El mismo Gus Van Sant, admirador además de la obra de Reichardt, lo explicó así en una oportunidad cuando le preguntaron sobre si era preferible trabajar sin manipular la realidad, y sin dirección de arte: “Bueno, eso es lo que intenté hacer en mis últimas películas. En parte fue porque no teníamos el dinero para hacer esas cosas, pero siempre me surge la pregunta: ¿por qué manipular ciertas partes del mundo real? A veces se lo hace porque se trata de un film de época, pero otras veces se lo hace porque sí. Es una cuestión de control. El departamento de arte tiene esta concepción. (…) ¿Es posible que un film se vea peor al intervenir? En algunos casos, sí”

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Wendy (Michelle Williams), es una joven huérfana que tiene un objetivo: Llegar a Alaska porque allí “dicen, se necesita gente”. En su viaje la acompaña su perra, Lucy. Las cosas van relativamente bien hasta que llegan a Oregon. Un giro del guión, hará ocurrir lo peor: La pérdida del animal. A partir de allí, Wendy dará rienda suelta a su espíritu errante y no cesará de buscar a su amiga por toda la ciudad, cruzándose acertadamente con todo tipo de gente.
Efectivamente, Wendy and Lucy es otra película de seres que deambulan, pero por las fisuras del sistema de vida norteamericano. Por ejemplo, al describir con precisión casi científica la importancia que se le da al dinero. Éste por momentos parece ser casi el único bien, en la más amplia acepción de la palabra, que los hombres tienen para intercambiar. Es también otra película de jóvenes a la deriva, sin referentes, vocación, o metas más que la subsistencia, pero de una profunda y desaprovechada ternura. Es, a nuestro criterio, una película del fin de la administración Bush, otra expresión del desencanto y la desesperanza (tristemente, Wendy tendrá con Lucy la misma actitud que tuvieron con ella) de una era.
Mas a pesar de su aire pre Obama, no deja de atrapar: Siempre son interesantes las fábulas que los norteamericanos construyen a contra mano de la ilusión del Sueño Americano. La otra cara de la moneda de Marley y yo, con la cual Wendy and Lucy comparte el afecto por un animal y, aunque parezca increíble, también el descontento. Aunque pocos lo noten, la película hollywoodense muestra como también se puede ser un infeliz, pero dentro del sistema.

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En el 11º BAFICI

Kelly Reichardt, Robert Koehler y Fernando Chiappussi, presentarán el libro El cine de Kelly Reichardt - El sueño (americano) terminó el jueves 2 de Abril a las 19h en el Auditorio Espacio BAFICI. Y el sábado 4 de Abril, la directora ofrecerá un Diálogo abierto al público moderado por el director del Festival Sergio Wolf, a las 17h en el Auditorio Espacio BAFICI. La entrada es libre y está sujeta a la capacidad de la sala.

 
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