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Aunque vino con pergaminos tan valiosos como el premio al mejor guión en el último festival de Cannes y un gran film anterior, el alemán de orígen turco Fatih Akin sorprende con la solidez de Al otro lado, segunda parte de una trilogía que abre Contra la pared. |
Ahora que es poco probable deslumbrarse con guiones de alto vuelo porque el cine tiene otra impronta y otra dinámica –también porque los buenos guiones son muy difíciles de hacer- uno agradece volver a sentir la robustez de un gran libro como cimiento de una excelente película. Ambos méritos son del ya prestigioso Fatih Akin, realizador de origen turco nacido en Alemania que dio una muestra notable de talento cuando dio a conocer Contra la pared. Su historia empieza en Bremen cuando un turco sesentón que ha enviudado decide que la prostituta que frecuenta bien puede vivir con él a cambio de una buena paga. En una pelea menor la golpea y la mata. Enterado su hijo de que la mujer muerta mandaba dinero a su hija para que pudiera estudiar, decide viajar a Estambul para buscarla y convertirse en una especie de sostén. Pero no la encuentra, regresa a Bremen y se pone a trabajar de librero. Por otro sendero del guión sabremos que la chica milita en un grupo terrorista de resistencia contra el gobierno turco y también se encuentra en Alemania buscando a su madre cuyo fallecimiento ignora. Los hilos se cruzan, conoce en forma casual al hijo del asesino de su madre y a la vez protagoniza un romance con una chica alemana cuya madre teme que esta relación se vuelva peligrosa. En efecto la rueda trágica se cobra otra vida y los personajes centrales se mueven casi a ciegas en un complicado ajedrez afectivo cuyo dibujo de base es la búsqueda a veces desesperada de la convivencia y la tolerancia.

Con mucha sabiduría, Akin hace funcionar los engranajes que como se ve, forman una maquinaria intrincada, pero al mismo tiempo vuelve tolerables las coincidencias y casualidades que vinculan a las criaturas de Al otro lado. La historia es tan inteligente en sus formulaciones de fondo y tan humana en la conducta de los personajes que subyuga con facilidad al espectador. Flota siempre sobre la temática político-racial y el melodrama previsible sin caer en ninguna de ambas vertientes. Hay momentos de gran ternura y emoción como la charla en la cárcel entre la terrorista y la madre de su novia, esa chica que ha encontrado la muerte tratando de liberarla. La mujer mayor entiende, perdona y sobre todo recupera de algún modo a su hija tendiendo un puente hacia esa persona que es, en suma, lo único que le queda. En un contexto temático distinto, con cebos de captura mucho más complejos, algunos toques de gran cine aproxima este relato al memorable La vida de los otros, también de orígen alemán. No hay dudas que Fatih Akin está hecho con la pasta de los grandes realizadores y que Contra la pared no fue un hallazgo fortuito. Se revela de nuevo como un firme director de actores y obtiene del reparto trabajos estupendos. La gran Hanna Shygulla, actriz de un carisma fenomenal, asumiendo un personaje de menor presencia se erige en el sostén de todo el mecanismo. Pero junto a ella brillan Baki Davrak, Nursel Köse, Tuncel Kurtiz, Nurgül Yesiscay y Patrycia Ziolkowska. No le costará demasiado a esta película ubicarse entre las más valiosas del año. Y el vaticinio no es prematuro.
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