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Corazón de tinta, como en la Rosa Púrpura… PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rómulo Berruti   

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Demostrando que los relatos de fantasía galopante volvieron al cine para quedarse, Corazón de tinta es un film de Iain Softlely que reitera los prodigios deslumbrantes de lo imposible, que lo son más cuando se apoyan en una rica literatura. 

De nuevo es una escritora –como la mamá de Harry Potter- quien deja salir al genio de la lámpara, ya que en la novela de Cornelia Funke (best seller, obvio) se basa la película. La historia es ingeniosa y atrapante: el protagonista Mortimer Folchart y su hija Meggie se ven envueltos en una odisea de inimaginable desenlace cuando él consigue casi por casualidad un ejemplar de la novela dentro de la cual desapareció su esposa años atrás. Porque este hombre joven y también su hija tienen la facultad de corporizar personajes y situaciones de los libros que leen en voz alta. Esos seres salen del papel y se vuelven reales, pero eso sí, en una especie de trueque justiciero por cada criatura de ficción que sale, una verdadera debe entrar. Un poco como en La rosa púrpura de El Cairo. Y es así como la madre de Meggie ahora sólo existe como superchería literaria. Cuando Mortimer logra apoderarse de esa rareza de biblioteca tan buscada que se consideraba inhallable, en el acto alguien surgido a su vez de las mismas páginas tratará de reingresar a ellas y para eso también él necesita el libro. Pero ambos son capturados por Copérnico, el villano de la novela, que por el contrario no quiere volver porque se ha convertido en un próspero delincuente de la vida real. Para eso debe evitar a toda costa que la narración sea leída en voz alta por Folchart y el modo más seguro es quemar ese único, solitario, palpitante volumen.

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Como se ve, Cornelia Funke sigue los pasos de J. K. Rowling con olfato certero. Y está demás decir que convertido en cine su relato posibilita todos los efectos especiales capaces de armar el tinglado de un auténtico cuento de hadas y brujas, de seres puros y deleznables, con el más ortodoxo maniqueísmo que estas fantasías no sólo admiten sino más bien exigen. El realizador Iain Softley se muestra como un hábil y obediente artesano al servicio de sus especialistas en trucos y se limita a organizar con buen criterio fílmico este desborde onírico muy eficaz que la escritora puso en marcha. Perdidoso en todo lo que tenga que ver con las comparaciones de carácter visual si tomamos como referencia la saga de Harry Potter o cualquier superproducto de animación de los grandes estudios, esta narración alemana, inglesa y norteamericana gana sin embargo en la valoración más honda y sutil de sus méritos. Y eso porque apunta de lleno hacia el encanto de la lectura, porque aquí no sólo se trata de una novela de orígen (germen de tantísimo cine) sino de una historia de libros, esos objetos tan nobles y casi en peligro de extinción amenazados por pantallas de todos los tamaños. Es probable que hipnotizados por las imágenes, muchos chicos quieran desafiar el peligro del libro mágico y sacar un personaje de su corazón de tinta ingresando ellos en su lugar.

El elenco está encabezado por Brendan Fraser,  un especialista en este tipo de aventuras que se hizo famoso en las tres versiones de La momia, todas muy exitosas, lo suficiente como para dejar discretamente en sombras el estrepitoso fracaso del pato gigante en Looney Tunes… donde ni este bicho ni el conejo salvaron al film y al humano del tobogán. También se luce Eliza Bennet como Meggie, la niña rehén. Pero sin duda la gema de Corazón de tinta es la gran Helen Mirren, excelente como la millonaria dueña de una mansión de cuento infantil en cuya biblioteca vertiginosa nace toda esta trama. Una película de género pensada para los chicos que puede disfrutar cualquier adulto con ganas de mirar un poco hacia atrás.

 

 

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