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Extraño fenómeno mundial, en buena parte motivado por una habilidosa campaña de marketing, el film Crepúsculo llega a las pantallas de la Argentina. La historia del vampiro bueno y de la joven enamorada retrotrae el calendario a algunos clásicos de buena parte de los '80. Ideal para adolescentes emos y de los otros... |
La historia de Crepúsculo es harto conocida: la joven que se muda de pueblo y se enamora del personaje más discolo de la clase, freak al decir de hoy, pero este sujeto es extraño sólo porque esconde un secreto demasiado grande. En particular, el que atrae a la joven y atractiva adolescente Bella es uno llamado Edward, un muchacho algo pálido y retraido hasta que -bien avanzada la historia- ella descubre lo que se sabe desde el vamos; que el joven es un bello muerto, o mejor dicho, un no-muerto que integra una peculiar y legendaria familia de Nosferatus. Hecho vampiro hace noventa años, Edward tiene igual cantidad de años de muerto y una tradición familiar que respetar, no alimentarse de sangre humana. De tal forma, los vampiros de Crepúsculo se tientan con los humanos pero prefieren olvidarlos de su dieta, como una suerte de vampiros "new age" que cuidan el balance de su alimentación.

Pero, sino no existiría el drama, hay otros chupa-sangres merodeando la zona que se deleitan con sangre humana y, para colmo, un desconocido ejercito de licántropos escondidos, naturales enemigos de los peligrosos nosferatus. Edward Cullen (Robert Pattinson) es vampiro, Bella Swan lo sabe pero... perdidamente enamorada de él no quiere dejarlo aunque se entere de tal detalle. Para el joven las cosas no son más fáciles porque, por primera vez, encuentra en Bella a alguien que lo comprende plenamente y con quien se ve reflejado como su "alma" gemela. Gracioso ¿no?. Si bien es un producto pensado al dedillo para las nuevas tribus urbanas adolescentes (donde todos caben, para que cada cual se identifique), también existe en su tratamiento cierto aire a película teenager de los años 80, cuando empezaron las incursiones en la materia con Muchacho lobo y Que no se entere mamá, entre otras, pero aquí sumado a la gran fábula neorromántica desde la cual pretende erigirse Crepúsculo. Tiene algo inteligente, la pregunta permanente de cual es la verdadera naturaleza del amor y de la entrega, del cuerpo y el alma, tema que a los adolescentes desvela y hace hervir no su sangre sino sus hormonas.

Los vampiros son, y esa es la constante de una leyenda hecha escritura, metáforas sobre el sexo y la película de Catherine Hardwicke no escapa a tal planteo desde un suspicaz giro de la historia. Como Edward ama a Bella, por más que sienta el ansia, no la morderá. Así la vorágine sexual que desencadena subliminalmente la mordedura del vampiro siempre estará latente, pero no logrará manifestarse como en el gran clásico de Bram Stoker, Drácula. Todo lo demás ya fue visto, quizás demasiadas veces e incluso con más lirismo. Kristen Stewart aporta erotismo teen ideal para los consumidores de esta fábula moderna en tiempos posmodernos. Porque ahora los vampiros son buenos, apuestos y cuidan su dieta. Ah, y no se olvidan de navegar en internet. ¡Oh, tiempos! diría el inevitablemente viejo Nosferatu.
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