Dirigida por Nick Love, Hooligans que en su estreno local observa el agregado de Diario de un barrabrava (pensado para el peor amarillismo pero indigno con el film) explora el submundo de una de las tribus urbanas de mayor incidencia en la sociedad moderna, aquella que genera la violencia en el futbol. | |
Apoyada en auténticos barrabravas como extras y con audacia en su propuesta estética se presenta la película de Nick Love que revolucionó a la sociedad británica al retratar el origen (y por que no, también el fin) de la violencia en la sociedad contemporánea, haciendo hincapié en la más violenta y problemática que generó la cultura del futbol, las barrabravas. Si bien la temática no es novedosa (hasta Enrique Carreras se permitió, veinte años atrás, llevar por última vez a Tita Merello a la pantalla grande en Las barras bravas), lo que diferencia a Hooligans de otras películas es su tono por momentos nihilista y otros zumbón al analizar la violencia en la sociedad contemporánea. Allí donde no reina la desesperanza es posible una irreverente mirada a la construcción de un mundo por demás arbitrario. En sintonía con títulos como Kids, golpe a golpe del estadounidense Larry Clark o la renombrada Trainspotting, de su compatriota Danny Boyle, Nick Love traspone la novela de John King The football factory que narra la vida de Tommy Johnson, un joven británico dedicado a las salidas de fin de semana, al sexo casual, a la cerveza, drogas y todo lo que pueda servir como plataforma para lo que mas ansía, dedicarse a dar golpes a la hinchada rival ante cada partido de su equipo, el Chelsea. Queda en el tintero, como una de las falencias del film, la aparente e imprecisa crisis que vive el protagonista y que Hooligans enuncia pero no explica. 
Hooligans, diario de un barrabrava. Estreno en Buenos Aires del film de Nick Love Una de las características de toda tribu urbana, entendiéndola como un agrupamiento de la juventud de clases populares bajo códigos comunes, es la del progresivo acostubramiento a la violencia como medio de expresión y, también, como una forma de "puesta en valor" de su presencia en el entorno. Sucede que en la sociedad de consumo contemporánea toda práctica que no este ligada a parámetros económicos no es tenida en cuenta. Fabio Tropea, José Manuel Pérez Tornero y Pere-Oriol Costa en su trabajo de análisis sobre las tribus urbanas* refieren que "Al estar muy poco o nada «enganchados» con la sociedad dominante, o sea, la sociedad de la productividad urbana (salvo el hecho básico de ser, en cierto modo y a pesar suyo, «hijos» de esa sociedad), ese tiempo se convierte en algo poco relevante y ordinario. Por eso los miembros de las tribus necesitan imaginar algo significativo, algo que supere la anomia que genera el anonimato". Cuando los hippies salieron a la luz con sus proclamas de amor libre y después los punks con sus pelos parados y sus graffitis de "no hay futuro", nunca imaginaron que las politicas de libre mercado generarían una nueva tribu, la de aquellos que sin pleno empleo se dedicarían a enfrentarse a golpes en defensa de su club de futbol asumiendo el protagonismo que la sociedad les niega. El problema de Hooligans no es su atractiva utilización de recursos técnicos ni tampoco el abordaje a tan interesante debate de gran actualidad, sino el no conseguir nunca el nexo entre sus aspiraciones formales y los deseos del realizador. A las posibilidades infinitas de establecer una "poética", Love responde con la prueba de ensayo y error sin definirse por una propuesta clara ante esa bien pensada narración y, mucho menos, hace esfuerzo alguno por otorgarle unidad. Así las subtramas se dividen y presentan de manera alternada al amigo que consigue novia; al abuelo que sueña con partir a Australia y es veterano de la Segunda Guerra; al lider de los barrabravas y a aquél que vive a su sombra junto a una galeria de personajes secundarios que permiten que el ritmo de Hooligans no decaiga aunque el transfondo de la historia poco importe y el fútbol, que quede claro, esté cada vez más ausente. Danny Dyer como el atribulado Tommy Johnson consigue otorgarle a su papel la versatilidad necesaria. Frank Harper como Billy Bright (histórico barrabrava mas no líder) y Roland Manookian como un ladrón de poca monta y adolescente del grupo son de lo mejor del reparto, junto a esos dos viejitos que tienen un capítulo tan simpático como inexplicable a modo de vodevil. Donde sí acierta Hooligans, resistimos hasta el final nombrarla también como Diario de un barrabrava, es en el retrato "transitivo" de la violencia que involucra, como tal, a tres generaciones y en el medio de expresión que significa para las partes postergadas de la sociedad en la busqueda, tan visceral como errada, de la resolución de conflictos. Una lástima que sólo quede en la capa superior de tan interesante tema; quizás Hooligans, diario de un barrabrava también sea víctima del signo de los tiempos y de su propia (por momentos didáctica y otras irónica) trampa. * Pérez-Oriol Costa y otros (1996): Tribus urbanas. El ansia de identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia. Barcelona: Paidós. |