Amorim representa, hoy más que nunca, la figura del intelectual agudo y comprometido con los problemas de su tiempo. El escritor de pulso firme y pluma sensible que acercó los problemas sociales al conjunto de la población sin olvidar la risa, la emoción y el llanto. Fue un hombre de letras y guionista de cine, pero ante todo Amorim fue un gran humanista.
En nuestro país lo podemos mencionar como guionista de "Kilómetro 111", "El Viejo Doctor", "Cita en la frontera", "Yo quiero morir contigo", "Vacaciones en el otro mundo", "Cuando la primavera se equivoca" (todas dirigidas por Mario Sóffici); "Canción de Cuna" (de Gregorio Martínez Sierra, autor también de la novela que adaptó Amorim), "Incertidumbre" (de Carlos Borcosque), "Capitán Veneno" (de Henri Martinent), "Casi un sueño" (de Tito Davison), "Yo quiero vivir contigo" (de Carlos Rinaldi), y como autor del libro original junto a Ramón Gómez Macia de "Su primer baile" (Ernesto Arancibia) cuyo guión realizó Carlos Adén. Este último entrará también en la historia grande de nuestro séptimo arte al trabajar para René Mugica el cuento que Jorge Luis Borges dedicara a Amorim, nada menos que "Hombre de la esquina rosada". Aquí también estaba presente la intención de obtener un producto de raro prestigio por parte del sello Argentina Sono Film.
Poco valorado hoy en su aporte a la literatura argentina (o, repetimos, rioplantense cuando hablamos de uruguaya), la figura de Enrique Amorim es una invitación a las novelas de tema campestre y su relación con la ciudad, "La Carreta" (1932), "El Paisano Aguilar" (1934), "El caballo y su sombra" (1942) son descollantes ejemplos. Su presencia en los círculos intelectuales, y en diarios y revistas, le otorga gran familiaridad en la Buenos Aires de los años '40 y '50; como olvidarse sino de la critica de Amorim a la obra de Macedonio Fernández y la respuesta de éste a modo de solicitada. Aquél desde la revista Latitud bajo el seudónimo de Lázaro Riet y éste desde Papeles de Buenos Aires que dirigían sus hijos Jorge y Adolfo de Obieta. La última época de Amorim se encuentra marcada por el análisis de la sociedad urbana, aquí cultiva otros géneros como el policial. ¿Una anécdota? De una voz calificada, Andrés Rivera: "Al fin y al cabo hay tantas historias, Borges ha sido un fabulador que nos ha divertido a todos, nos ha puesto en los labios una sonrisa como irónica. Borges y Amorim van, entran a un boliche de campaña, se acodan en el mostrador Hay una conversación que sube de tono, hasta los gritos, Amorim se da vuelta, Borges entregado a su cañita, suena un disparo, ruido de cuerpo que cae, Borges se da vuelta, pasa por encima del cuerpo caído, y sale y le dice a Amorim: "ahora contame (Rivera modula su voz como Borges al decirlo) para mí esa historia se llama "el arte de narrar" `ta claro?".
Si bien señalamos que la efervescente vida cultural porteña no le es ajena al autor de "La Carreta", más olvidada ha quedado su vibrante trayectoria al servicio del cine con obras dentro de la industria argentina y de manera experimental en su tierra natal a modo de poemas cinematográficos, "lamentablemente perdidos en su gran mayoría" señala el especialista Manuel Martínez Carril (director de la Cinemateca Uruguaya), algunos títulos son: "Pretexto" (1952), "Escrito en el agua" y "Escrito en el viento". Cobra gran valor entonces el, recientemente restaurado por la Filmoteca Valenciana, "Album cinematográfico" o "Galería de escritores y artistas (1928-1959)" en el cual Amorim retrata a sus amigos artistas con su cámara Kodak y donde aparecen 80 nombres fundamentales de la cultura del siglo XX como Walt Disney, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Rafael Alberti, Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Pablo Picasso, León Felipe, Horacio Quiroga y un eternamente joven Federico García Lorca, al que sorprende entregando los originales de "La zapatera prodigiosa". Muchas instantáneas de aquellos años y una que nos recuerda el paso del granadino por Buenos Aires, para presentar sus obras de la mano de Lola Membrives, y que nos remite a un grupo en donde identificamos a Federico, Lola, Ramón Gómez de la Serna, Pablo Rojas Paz, Oliverio Girondo, Pablo Neruda, Norah Lange, Sara Tornú y, precisamente, Enrique Amorim. La película, con una duración total de 55 minutos, "estaba afectada por el ácido acético, un proceso de degradación irreversible que, además, contagia a las películas que están en su mismo ambiente, con lo que la restauración era de carácter urgente", indicó José Luis Rado, director del IVAC, a la prensa.
La última producción en la que intervino el escritor fue la coproduccion argentino-germana "Yo quiero vivir contigo" de Carlos Rinaldi, en 1960, con un elenco encabezado por Alberto de Mendoza, Susanne Cramer y Nelly Meden. Un largo paréntesis separa a esta de su inmediata anterior "Casi un sueño" de 1943 con la dirección del chileno Tito Davison y el trabajo certero de Maria Duval, Ricardo Passano (h) y Miguel Gómez Bao en la historia del romance que surge entre un joven compositor y una muchacha que sueña con la felicidad.
El comienzo de su inserción en nuestra industria nos presenta a un Amorim profundamente interesado en el drama social. Si bien hombre de fortuna militó en el comunismo (se afilió al Partido en 1947), no sería de extrañar que los problemas sociales llegaran al cine en algún momento sobre rieles (o a las vías). Así fue en agosto de 1937 cuando en "la catedral del cine argentino" como se llamaba entonces al cine Monumental, se estrenó "Kilómetro 111" dirigida por Mario Sóffici con el protagónico de Pepe Arias, Delia Garcés, José Olarra, Miguel Gómez Bao, Inés Edmonson, Angel Magaña y elenco. Pepe Arias estaba vinculado con Argentina Sono Film desde los comienzos de la empresa, como señala Ricardo García Oliveri: "quien fue ubicado al frente del elenco por don Angel Mentasti, productor pionero, no fue ninguno de los citados sino otro actor, el más "capo" cómico de todos ellos por aquella época. Y no fue por razones de orden alfabético. Pepe Arias, número uno de la escena desde hacía ya más de una década, de la pantalla a partir de entonces y de la radio de allí en algún tiempo, se caracterizó por una voz inconfundible que los argentinos de su tiempo se esmeraban en imitar". Los citados eran Luis Sandrini, Tita Merello, Mercedes Simone, Azucena Maizani y la película nada menos que "Tango!", la primera sonora argentina que llegó a las pantallas y contribuyó a forjar un modelo de carácter industrial que nada tenía que envidiarle, al menos en intención, al de Hollywood.
"Kilómetro 111" buceaba en la inserción del ferrocarril, que no sin ingenio y capacidad extraordinaria, se convirtió en una extensa red de vital importancia que en forma de abanico se extendía por todo el país observando como cabecera principal a Buenos Aires. Esos tendidos ferroviarios significaron, muchas veces, notorias injusticias desde sus comienzos: en el sur del país existieron colonos ingleses que poseían una estación de tren dentro de sus tierras para hacer circular la producción y, esto mismo, iba en detrimento de los pequeños productores independientes que soportaban, no aisladamente, el boicot y la connivencia de tener que recurrir a los servicios de aliados de sus competidores...
(parte de la ponencia "Enrique Amorim, guionista de cine" de Pablo De Vita, presentada en el 2do Congreso Internacional de Literatura Hispanoamericana de Mar del Plata.